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La Caverna de Voltir se embarca en una nueva aventura: los Relatos!

 

Nos alegra inaugurar nuestra nueva sección de Relatos. Si estas inspirada o inspirado y te apetece escribir un relato de fantasía o ciencia ficción, no dudes en contactar con nosotros! 

En este caso el Relato esta inspirado en videojuego World of Warcraft, precisamente en la nueva expansión, Shadowlands. Esta escrito por una jugadora del mismo: Vitto… y los personajes están inspirados en sus compañeros de juego.

Un Nuevo Desafío

Lentamente bajó de la montura y un suspiro alivió su cansancio; sus botas sucias llevaban el barro de todos los sitios inhóspitos y húmedos del territorio de Revendreth. De pronto los recuerdos lejanos la invadieron acompañados de ese mismo sentimiento de angustia que la atravesaba una y otra vez, tal como un dedo juega maliciosamente en una herida abierta. Aún podía escuchar sus gritos, aún podía oler el miedo. Las Tierras Sombrías no hicieron más que revivir aún más todos esos recuerdos. Antes, en las noches de Azeroth, esos fantasmas la visitaban para despertarla sobresaltada entre sudores y angustia.

Pero en las Tierras Sombrías era diferente. No dejaba de pensar cómo hubiera sido su estancia allí después de los horrores que había cometido. Ya de su vida anterior no quedaba nada, ni siquiera podía sentir nostalgia de su tierra como sus otros compañeros, ojalá lo hiciera. Pero su firme convencimiento no mermaba sabía que para ella no existía otra opción más allá de la no muerte y el servicio. Descartó ese pensamiento, y mirando el cielo teñido de sangre se apresuró.

La hora del crepúsculo había llegado. Subió lentamente los escalones de la fortaleza en ruinas, arriba la esperaba la oscura entrada. Aún no estaba segura de aquel encuentro. Sintió un leve crujido que procedía de unos matorrales y desenvainó rápidamente las espadas. El maligno de piedra emergió dejando a la vista sus heridas. Sus ojos se clavaron en el animal que la miraba aterrorizado. En los ojos agonizantes del animal se reflejaba la luz de sus espadas acompañados de ese terror que ya había visto demasiadas veces…

Una flecha se dirigió con presteza al corazón del maligno.
– ¿Ahora sientes compasión Erannë? – dijo una voz grave y profunda detrás de ella – Era Drago, que mientras se rascaba la entrepierna mascaba unas hierbas. ¿Olvidas que son espías de Denathrius? – agregó despreocupado.

“…y mirando el cielo teñido de sangre se apresuró”

– No lo olvido – dijo ella – pero la criatura estaba agonizando, no representaba ningún peligro.
– Eras fría como una roca ¿y llegas a las Tierras Sombrías y te ablandas?
– Tu no lo entenderías. Dijo ella sin querer profundizar en el tema.
– Que si, que ya lo sé, estás muerta y todo eso. Acabemos con esto y vamos a por una pinta.
– ¿Un día más sin ducharte Drago? Yo estaré muerta pero tu no necesitas flechas para matar con ese olor. – dijo en tono de burla.
– Que no soy yo! Que son las bestias!
– La próxima vez que crucemos un río ¿qué te parece si no invoco el camino de hielo? a ver si tú y tus bestias os bañáis de una vez.
La carcajada de Drago espantó las aves que descansaban en un árbol que asustadas volaron sin rumbo.

Él era su compañero, durante años han luchado juntos. Superaron innumerables batallas, exploraron Pandaria, pelearon contra la Legión y perdieron a muchos en la cuarta guerra. Él fue el primero en acercarse a ella cuando todos la rechazaban, no había lugar para ella ni en las filas, ni en las conversaciones de los demás a pesar de los decretos, no para una caballero de la muerte. Pero sí en la mesa de Drago, cualquiera que apreciara la cerveza y el buen humor era bienvenido en la mesa de ese enano bonachón, no había diferencia que no saldara una ronda.

– Oye, tu invitas ¿recuerdas? – dijo Drago
-¿En serio? Si no fuera por mi ese exánime no estaría muerto y lo sabes. – dijo Eranné desafiante.
– ¿Por ti? ¡Casi nos matan porque te quedaste rezagada! con esa armadura eres peso muerto – y lanzó otra carcajada, ella temía que esos edificios en ruinas acabaran por aplastarlos. Invitas tú. Ya lo habíamos hablado… Y venga sonríe un poco que estás muy pálida. El enano procedía a sacudir su barba gris otra vez con una carcajada, cuando…

– ¡Silencio! Viene alguien – lo interrumpió susurrando ella.
– ¡No me lo puedo creer! ¿A quién tenemos aquí?. Una caballero de la muerte caída en desgracia y un cazador zaparrastroso. El dúo más patético de todo Azeroth ahora da pena en las Tierras Sombrías. Me encanta. – dijo un muy ataviado elfo de sangre mirándolos por encima del hombro. Era Celderon un paladín de brillante armadura pero que no destacaba por su humildad.

– ¿Sabes, Celderon? un día de estos te atravesaré la cabeza con una de mis flechas.
– Me aburres enano. – Dijo con voz cansada Celderon. Venís por el tesoro, ¿no? Ese brujo amigo vuestro no paraba de hablar en la taberna. Y me ha parecido muy oportuno. Si os apartáis, sobreviviréis, al menos un día más. El tesoro es nuestro – afirmó el elfo de manera desafiante.

¿Nuestro? Pensó Erannë. Sabía que algo no iba bien. Hacía dos noches que Urloc, el brujo vino con noticias de un tesoro oculto en una cripta de Revendreth. Hablaba de grandes recompensas, sólo necesitábamos viajar hasta allí y deshacernos de unos pequeños obstáculos. Siempre era igual, todo era demasiado sencillo y al final las cosas se complicaban.
Una dulce y misteriosa risa atravesó el páramo. Veloz como un rayo desmontó y con una agilidad envidiable se postró delante de ella.

La elfa nocheterna la miró a los ojos fijamente.
– Nos encontramos otra vez Erannë…- dijo la maga
– Pensar que te ayudé en Suramar, Isande. ¿Y ahora te alías con este elfo estirado? Es lo peor de la Horda, no deberías fiarte de él. Dijo Erannë.
– ¡Basta! – dijo el elfo – ¡Largaos! El tesoro es nuestro, somos mayoría y no tenéis oportunidad.
– ¿¡Mayoría!? Pero si este elfo no sabe contar – dijo Drago entre carcajadas.
– No se equivoca, Drago. Estamos rodeados. – Dijo Erannë.

“Ya habéis oído, perros de la Alianza!”

Drago lo comprobó, a su izquierda sus bestias que antes descansaban a su lado se inquietaron.
Sintió un aliento detrás de su oreja. Dos pícaros Renegados los sorprendieron saliendo de entre los arbustos. Un guerrera orco saltó delante de ellos rompiendo el suelo de piedra y las bestias de Drago ya mostraban los dientes. Ya se conocían, eran los hermanos Uma y Uric Page y la orco era su amiga Titanya.
-Marchaos. Dijo Titanya. Os debemos una por el incidente de las Fauces. Pero con esto, la deuda queda saldada.
Días atrás se enfrentaban a un Behemoth en las Fauces y las bestias de Drago llegaron a tiempo para impedir el final de Uric. Y el honor era un valor inquebrantable para Titanya.
Ya habéis oído, perros de la Alianza! exclamó Celderon.

No cabía la menor duda. Había que saber escoger las batallas y esta no era una que valiera la pena. Se disponían a marchar cuando un grito agudo rompió con estrépito la oscura noche e hizo que todos cayeran al suelo. Un poderoso venthyr salió de la cripta y para colmo estaba acompañado de un gargon enorme. Ya era tarde, la lucha había comenzado. Horda y Alianza, muy a su pesar, se enfrentaron conjuntamente al enemigo. El venthyr invocó una magia de sangre que hacía imposible que le infringieran daño y mientras tanto el gargon no cedía en sus ataques. Algunos estaban a punto de caer, ya no había defensa posible.

De repente Erannë se encuentra luchando con una sombra púrpura a su lado. Era la bestia de Urloc que junto a una nueva magia de escarcha se unía a la lucha. Un alivio recorrió todo su cuerpo se sentía más fuerte y vitalizada, era el druida Eldarus. Pronto el venthyr no tuvo nada que hacer contra ellos. Habían vencido. Al girarse aliviada Eranné pudo ver que Betzabel la maga había llegado.

Siento la tardanza. Urloc, se ha demorado en la feria – dijo Betzabel agotada. Jadeantes recuperaban sus fuerzas cuando intempestivamente recordaron la existencia del tesoro. Se precipitaron entre empujones al interior de la cripta. En el centro de la estancia había un pequeño altar polvoriento, rodeado de velas y de algunos cáliz estaba la marca donde antes descansaba el cofre del tesoro. Era tarde, se lo habían llevado.

…..
Cansados llegaron a la atiborrada taberna, deseando probar una cerveza fría. Buscaron una mesa y Eldarus trajo una jarra rebosante para cada uno. Entre anécdotas y risas prometieron no seguir a Urloc en sus grandes descubrimientos, aunque sabían, en el fondo, que eso no ocurriría. Unas mesas más adelante estaba el grupo de la horda.

Celderon se levantó de su asiento y se acercó galante a una atractiva elfa de la barra para invitarla a una copa. Sacó de su bolsillo una bolsa de terciopelo rojo para pagarle a la tabernera, en la bolsa, bordado en un dorado brillante estaba el escudo del ventyhr que habían matado. Celderon sintió la mirada desafiante de Erannë y esbozó una sonrisa burlona. Se había quedado con el tesoro. Al instante el grupo desenvainó sus armas y preparó sus hechizos. Los integrantes del grupo de la horda levantaron sus cabezas, Titanya alzó sus hachas y se abalanzó sobre ellos, la pelea aún no había acabado.

Fin

Vitto Pagglianno (laVitt0)

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